Teoría Incertidumbre #19

Juan García Castillejo y su electrocompositor

Audios.

– Extracto de “A performative presentation with Caterina Barbieri at Loop 2017”.

– Extracto de El Poder del sonido de Tabla Redonde de Rtve.

– Vibraciones Irregulares (2012) – Rubén García (en el contexto de un concierto homenaje a Juan García Castillejo (Cura Castillejo): 110 años de su nacimiento (1903) y 80 años de la presentación de su Aparato Electro Compositor Musical (1933).

– This Causes Consciousness To Fracture – Caterina Barbieri (2017) (track 1 – Patterns of Consciousness)

– Gravity That Binds – Caterina Barbieri (2017) (track 7 – Patterns of Consciousness)

Electrocompositor.

En el instrumento identificamos con claridad un panel superior que se emplea para el ajuste y/o programación del equipo. A la derecha de esta matriz se aprecia lo que parece un conjunto de 23 resistencias montadas en serie alimentadas en el extremo inferior por un transformador y un circuito rectificador. Por la simbología empleada estas resistencias bien podrían ser variables, tipo potenciómetro. Estos potenciómetros montados en serie nos permiten establecer un voltaje específico en cada una de las 23 líneas o ramas horizontales. A continuación, mediante el desplazamiento vertical de un cursor, podemos derivar hacia 33 posibles circuitos el voltaje “programado” en cada rama. A partir de aquí parece evidente que con cada uno de estos voltajes se actúa sobre parámetros de los osciladores controlando la frecuencia y la amplitud. Sin lugar a dudas, el “panel de control” propuesto por Castillejo es imaginativo y, salvando las distancias, nos recuerda a las matrices de configuración de los sintetizadores analógicos VC-3 (1969) y Synti (1971), ambos de la firma EMS.

Una vez resuelto (o mejor dicho, imaginado) como se controlan los osciladores llega la etapa de “generación espontánea” de música, es decir, el control de aspectos compositivos como el tempo, el ritmo, armonías y otros giros del desarrollo de la obra. Para este propósito el Electro Compositor Musical utiliza un mecanismo jerárquico de motores donde un motor maestro, a lo largo del recorrido de su eje, cierra selectivamente circuitos que activan motores auxiliares encargados de derivar hacia los circuitos osciladores las tensiones que programamos anteriormente. Castillejo, en la descripción del motor maestro nos dice que gira a una velocidad 80 rpm y que, a lo largo de su giro recorre un círculo de contactos configurable. Según sus palabras “La distribución de estos contactos influye en el aire o género de música que pretendamos que ejecute el aparato; pues bien podremos distribuirlos en triángulo (compás de 3 por 4), en cuadrilátero, pentágono, hexágono etc., inscritos en el círculo. Al tocar la escobilla en su recorrido a dichos contactos, se cierra el circuito de otro motor cuyas características corresponden a las de los motores de unas 3.000 revoluciones por minuto”. Si echamos un nuevo vistazo al diagrama del Electro Compositor vemos con claridad el motor maestro (etiquetado como nº1 Ritmo), selector de sonidos, selector de tiempo y motor combinador de notas (etiquetado como nº 13). A continuación Castillejo menciona la existencia de una etapa -no la describe para no complicar- de “vibradores mecánicos y excéntricas para ciertos efectos vibratos, gorjeos, trinos, etc.”.

Castillejo reconoce que el Electro Compositor tiene algunas limitaciones porque “existe una dificultad casi insuperable en proporcionar voltaje muy estable al consumo variado de cada momento por la diversa intervención de mayor menor número de notas musicales”. Además suponemos que la inercia durante el arranque y parada de los motores auxiliares induciría efectos sonoros no deseados.

Después de esta breve descripción podemos intuir que el Electro Compositor Musical podría emparentarse lejanamente con una caja de ritmos, o más específicamente con el módulo arpegiador de un sintetizador. Siempre nos quedará la duda de como sonaba. De lo que no hay duda es que el Electro Compositor Musical de Juan García Castillejo es un hito de la tecnología electrónica puesta al servicio de la música.

Juan García Castillejo fue un aportador de ideas tanto como de tecnologías. Un inventor musical y un visionario artístico.

“El bello porvenir del arte musical, indiscutiblemente, se ha de concentrar en procesos eléctricos, cuyos resultados serán sorprendentes.” Juan García Castillejo.

 

Sobre Juan García Castillejo

Nació en Motilla del Palancar (Cuenca), pero ya de niño se trasladó a vivir a Valencia. Era un apasionado de la electricidad y el sonido, así como también un soñador empedernido. En su libro Telegrafía rápida y música eléctrica (1944), él mismo explica casi todos los detalles sobre la construcción del «electrocompositor», que estaba dotado de lámparas, transformadores, condensadores, resistencias, unas docenas de altavoces y con varios motores. “Pretendía que las perforaciones de la cinta de telegrafía fuesen seleccionadas automáticamente por diferentes motores, que hacían reproducir diferentes pistas sonoras grabadas, con el fin de que cada libro en cinta perforada se convirtiera en un libro sonoro.

Sus patentes tienen que ver con la telegrafía rápida y fue desde este conocimiento tecnológico desde donde inició sus propuestas en torno a la música eléctrica. García Castillejo era un perfecto conocedor de los instrumentos eléctricos que habían circulado por Europa en las décadas inmediatamente anteriores, como el teremín,
 las ondas Martenot o el Trautonium. Suele asociarse la fecha de edición de su tratado La telegrafía rápida, el triteclado y la música eléctrica (1944) con la cronología de sus inventos, pero lo cierto es que éstos son lo bastante anteriores como para no despreciar el dato.

Sabemos que en 1933 su principal invento, llamado «electrocompositor musical» estaba disponible. Es curioso observar cómo el inventor valenciano mantiene la tradición de secretismo
secular de su gremio al reconocer que, si bien el invitado a la demostración es persona altamente cualificada y que, por tanto, «para él no hubiera sido secreto complicado el funcionamiento de la misma» (de la «orquesta eléctrica») «el trámite de patentes nos obligaba a ser parcos en manifestaciones». García Castillejo se cuida de distinguir su invento de los instrumentos eléctricos, como el violín de Makhonine. La clave es que un altavoz sea excitado por impulsos cuya procedencia es estrictamente eléctrica. Asegura:

El cura valenciano era precavido y temía la piratería. Entre 1939 y 1943 registró varias patentes de las que habla en el citado libro, pero sin mostrar nunca todos los detalles. Desafortunadamente, sus precauciones no eran tan necesarias. García Castillejo no logró dinero, reconocimiento ni prestigio en vida. “Al parecer, cuando vio que no le hacían caso dejó de lado sus invenciones y no las volvió a retomar hasta su muerte en los ochenta. Frustrado y decepcionado, guardó su máquina bajo llave y no volvió a hablar de ella. Se dedicó a ser un cura de pueblo común y corriente”. Tras su fallecimiento, su propia familia vació todos los extraños artilugios que guardaba en casa su peculiar tío y las enviaron al chatarrero. “Ellos debieron ser los más sorprendidos cuando se descubrió su historia”, opina Delgado.

Uno de los principales valedores de García Castillejo es el prestigioso teórico y compositor de arte sonoro Llorenç Barber, quien a finales de los años setenta encontró por casualidad el manual de Telegrafía Rápida en una librería de lance madrileña. Fascinado por la audacia intelectual y visionaria del viejo cura, Barber inició un proceso de recuperación de su memoria. Entre otras cosas, creó un Premio “Cura Castillejo” para reconocer cada año la labor de las figuras más relevantes en el ámbito del arte sonoro y las músicas experimentales en España. Entre los trabajos académicos que se han interesado por este precursor de la música electrónica, destacan los conducidos por el grupo de investigación del Laboratorio de Creaciones Intermedia de la UPV. Especialmente el software creado por Stefano Scarani para emular el funcionamiento real del aparato. Es inevitable preguntarse qué cara pondría este singular cura al descubrir que sus inventos han conseguido asombrar a la sociedad del siglo XXI.